miércoles, 18 de enero de 2012

Viajaré con el recuerdo tenue de tu voz, donde quiera que vaya, caminare con tu ausencia y cada noche haré el amor con tu aroma. No será difícil el adiós amor, no lo será. No lo será porque sabes que cuando quieras vuelo, corro, camino, a encontrarme con lo desconocido de tu mirada y tu sonrisa ebria de historias.

No será difícil decir adiós porque mi amor no entiende de pasados, tu nombre no me quedará en pretérito y cada paso que desande lo haré contigo, por eso amor, no te olvidare. Y te llevare a unos cuantos crepúsculos y te escribiré unas cuantas letras, de esas celosas y cansadas, llenas de ese sabor amargo pero bien sentido que nos queda después de beber un trago de vodka.  Y me fumaré cada canción que susurrabas en noches muertas, fumaré tus cartas, pegaré tus fotos en la entrada de la habitación  donde jugábamos a hacernos uno, donde el piso fue testigo de lo que allí sentimos y las paredes frías aruñadas con tu nombre no hacen otra cosa más que llamarte.

Al final de los días no quedará más recuerdo de ti, que yo.

jueves, 29 de diciembre de 2011

A unos crespos de té rojo

Una sonrisita se me escapo volando, entre crespos espesos y casitas de cartón también paso, llego a algo que brillaba, muy redondo o barrigón como ella la llamo, sin saber que era la luna, su puerta tocó, la luna le abrió -Qué quieres pequeñita?- La sonrisita respondió- Qué es usted- pues ya deberías saberlo me llamo luna o estrella, juanita o graciela, pero me conocen más como luna, y soy el alma de la noche y la farola más grande del cielo, cuido sus sueños y hasta aquí llegan sus más profundos juramentos, hay unos por ejemplo que se encuentran los dieciséis a tres cuartos de este cielo y la sonrisa de ellos es algo parecida a la tuya, - lo siento señora, soy de uno de ellos solo venía a pedirle que nunca apague este cielo, que nunca se canse de esperar, y que ningún poeta me la venga a robar.


lunes, 12 de diciembre de 2011

Lo conocí y no valió más nombre que su sonrisa, lo sentí y no valió más palabra que un beso y fuimos saliendo, fuimos siendo, cada día con más libertad y no miento cuando digo que le entregaba mis fuerzas y todas mis ganas, en cada mirada.

Y así fuimos viviendo mejores días, así fui caminando con mis dedos por su espalda, susurrándole cosas al oído. Me instale en una parte que desconocía, y cada noche me decía que era distinta mientras recorría mis labios con sus dedos, era distinta porque lo hacía vibrar, le daba fuerza de seguir cuando todo era una mierda. Cuando los tiempos no eran los mejores, siempre estuve para saltar con el, para ser lo que nunca nadie antes con el fue.

Resulto  más bien que la noche no era fría, pero la costumbre me llevo a su cuerpo y las palabras me llevaron a sus labios y así, como un laberinto infinito fue recorriendo mi cuerpo con sus manos, conquistando mis rincones más profundos y secretos y así a media luz, le di todas mis palabras escritas en mi piel, así le quite la ropa, así me aloje en su espalda, así fui sintiendo mas y temiendo menos. Resulto que se apodero de mi, dejando a un lado mis deseos de darle mil vueltas, de llevarlo al piso, al sillón, de regresar a la cama. Ahí cuando su mirada se torno igual que las demás, comprendí que sus palabras también acabaron cuando termino con todas sus banales fuerzas dentro de mi.

Resulto ser humano, resulte siendo lo mismo, le entregue más que mis palabras y quise hacerlo diferente a los demás, lo quería en constante en libertad, ¿ pero qué más libertad que la de los cuerpos luchando a entrelazarse?. Le dí mi cuerpo, mi mente y mis ganas, el me regalo ilusiones y una noche, al final una de las peores noches.


Luisa Fernanda Pardo.

viernes, 30 de septiembre de 2011


ALEJANDRA PIZARNIK, LA MUJER QUE PLASMO SU MUERTE EN CADA UNA DE SUS LETRAS.

Para hablar de Alejandra Pizarnik, hay que empaparse del dolor de cada una de sus letras, embriagarse en su bendita ausencia y sentir cada verso como presenciar su muerte.

Nace en Buenos Aires, Argentina el 29 de abril de 1936; sus padres eran inmigrantes judíos rusos y su infancia estuvo fielmente acompañada por sus problemas de tartamudez, acné y la facilidad a subir de peso, lo que la llevo a crear una adicción a las anfetaminas a temprana edad, en consecuencia de esto desarrollo un trastorno límite de la personalidad o bourderlaine.
Ingresó a la facultad de filosofía y letras de la Universidad de Buenos Aires, donde paralelamente tomó cursos de periodismo y pintura con Juan Battle Planas, estudios que no finalizaría. Posterior a esto desarrollaría una forma de estudio más autónoma basándose fundamentalmente en ahondar su formación literaria como poeta y escritora.
A los escasos diecinueve años de edad Alejandra publica su primer libro, un poemario: La Tierra Más Ajena (1955) en el cual se resalta la falta de puntuación, producto de las influencias de escritores surrealistas como: René Char y también los “poetas malditos” y principalmente se evidencia la influencia de Rimbaud. También encontramos varias dedicatorias y la carga emocional acerca de los problemas que hicieron de su niñez una época sin gratos recuerdos.
Alejandra escribía acerca de su infancia:
 "Recuerdo mi niñez
cuando yo era una anciana
Las flores morían en mis manos
porque la danza salvaje de la alegría
les destruía el corazón.
Recuerdo las negras mañanas de sol
cuando era niña
es decir ayer
es decir hace siglos".
En cada una de sus líneas se puede evidenciar el dolor de su juventud y la agonía de todas esas noches de insomnio, gracias a calmantes y somníferos que utilizaba para contrarrestar el efecto de las anfetaminas. Pizarnik escribía de noches eternas, tomaba la palabra como un todo rotundo en donde hasta el silencio tenía forma de verso ahogado entre humo, dolor y licor.
Más adelante con su segunda publicación: La última inocencia (1956). Se evidencia que para Pizarnik, la poesía era su salvación, su ventana secreta de escape a la locura, aunque muchas veces agonizante. Se puso a la tarea de encontrar nuevas palabras que describieran su sensibilidad, que la palabra fuera un todo que llenara a la ausencia, que la palabra fuera ese momento que nunca vivirá, ese acto que nunca hará.
Para Alejandra escribir era un oficio sublime, siempre en busca de un estilo propio, aunque a veces no todo fluía y se hallaba atascada de tantos juegos de palabras y era allí cuando sentía la imposibilidad de escribir, entonces pensaba que estaba maltratando la poesía, que nada de lo que escribía tenia  coherencia, y que nunca podría plasmar todos sus sentidos en conjunto a la hora de tomar una hoja y fundirse en tinta.
En Argentina termina una etapa de su vida, para dar inicio a otra: los años de Alejandra en parís, que en realidad fueron cuatro años (1960-1964), en los que se dio a conocer internacionalmente, es allí cuando construiría dos amistades que durarían hasta su muerte: Octavio Paz y Julio Cortázar. Con este ultimo crea una amistad entrañable, de cartas, poemas y dibujos. En parís sigue desempeñando su oficio de escritora, traductora y poeta del silencio.
Decide regresar a Argentina, donde publica: Extracción de la piedra de locura (1968), El infierno musical y la condesa sangrienta, ambos en 1971. Más tarde en la madrugada del 25 de septiembre de 1972, a los treinta y seis años, Alejandra se suicida con cincuenta pastillas de seconal. Se sumerge en su tan anhelado sueño, funde su esencia aun consciente de que quedaban muchas letras, pero no le quedaba mucho tiempo a su delirio, a su lenguaje.
Pizarnik muere y con ella la intensidad emocional de sus líneas, la soledad ahogada entre calmantes que ya no hacían otra cosa que aportar a su agonía, muere su particular forma de escribir, sus gratificantes cartas con Cortázar. Murió su cuerpo, pero no muere su ilusión de crear un lenguaje universal, cobijado de sentimentalismo existencialista.
 No muere su eterno recuerdo y la prolongada despedida que ya desde hace varios años, a pesar de su corta edad, venia deseando. Para leer a Pizarnik, hay que sentir más que con la piel, estar dispuesto a des-enamorarse una y otra vez, buscar un principio, volver al final, a donde siempre se ha querido estar. Ya no queda más que leerla, ahogarnos en esto que ni ella ni nosotros sabremos que somos.

Luisa Fernanda Pardo Mateus

martes, 12 de julio de 2011



Nos citamos en la misma banca, en la que le robábamos la magia a las mariposas, el olor de whiskey a la noche, la sensación desolada de un cuarto de hotel. En ese preciso momentos sus miradas y la forma en que movía sus manos hacían de sus palabras gestos de sobra, tenía la mirada hundida y profunda como en esas noches de cigarrillos y guitarras  eternas, en las que solo nos encontramos los de la voz profunda y las manos cansadas de recoger tanta ausencia. Entonces mis palabras no querían asomar y la brisa me ahogaba suavemente y no quedo más que fundirme en su abrazo, buscar mi rincón en su espalda y entonces amarlo como nunca y como siempre, con palabras y des(horas), con mis labios cansados de extrañarlo y mi voz casi cansada de susurrarlo en esas tardes rojizas. No me quedaba más que entregarle hasta mi sombra y que entonces con su cuerpo camináramos siendo una sola, jugando a no tocarnos, jugando a no desearnos. Y entonces me dijo – podrán pasar tantos años y podre conocer tanta gente, besar tantos labios y amanecer en otras camas, pero mis pies como mi sombra solo querrían encontrarla a usted, que me ha hecho ser más que amor- a lo que respondí con copos de nieve rojizos en mis mejillas –podré suspirar tantos nombres, pero al final de la noche mi voz solo gritaría su nombre, y mi cuerpo sus manos.- lo bese y no quedo más ausencia que extrañar.

Luisa Fernanda Pardo.

viernes, 24 de junio de 2011

Pensar que fuimos, puede ser más abrumador que preguntarnos que somos o en su medida que seremos, pues sabes que una vez pasada la noche todo queda en manos del pasado. Tan solo vamos buscando ridículos finales para esto que no sabemos cuándo comenzó, si fue cuando te vi de lejos y el aire jugaba con tu pelo y entonces me sacaba sonrisas verte allí sin más apuros ni preocupaciones, si quizás fue cuando mi sonrisa llego a tu mirada y entonces hiciste un tímido gesto y recogiste poco a poco tus crespos, si fue cuando tus palabras y las mías formaban frases que quedaron grabadas más que en la memoria , si quizás fue cuando el tiempo era lo que pasaba cuando ya no estabas cerca o cuando venia la noche y nos arropaba con su mágico encanto de libertad y sensualidad y entonces allí sin más preguntas nos despojamos más que la ropa y mis manos encajaban perfectamente en tu espalda y tus manos sostenían a la perfección mis piernas y entonces allí sin más apuros amanecíamos quemándonos la piel.
No sé si fueron cuatro meses, o quinientos días, quizás mil y una noches, si te conocí ayer y por la mañana solo quedaba el perfume de noches de aventura, un cigarrillo y un café.
Y me fumaré cada paso que des (ande), y dejaré de extrañarte tanto, y haré el amor con tanta gente que olvide que el único lugar donde siento volar es allí debajo de tu ombligo.

Luisa Fernanda Pardo

lunes, 2 de mayo de 2011

Ellos.


EL: cuidado que la muerte puede estar viva.
ELLA: y entonces, ¿qué es el amor?, -el fruto de la siempre viva muerte-
EL: usted es amor.
ELLA: cuidado con lo que dice.
EL: no tengo miedo.
ELLA: que el amor se le esconda
EL: ¿Y si soy amor?
ELLA: entonces, enséñeme.
EL: Ya estas siendo amor, nada mas mira tu mirada.
ELLA: ¿es su amor?
EL: Nuestro.
ELLA: ¿somos o estamos?
EL: Las dos.
ELLA: ¿sabe lo que dice?
EL: Lo siento.
ELLA: ¿es suficiente?
EL: ¿suficiente? – ES-

Manitas y Mañitas.